Amor, no me siento bien, ¡COF COF!

Dirás que no me quisiste y vas a estar muy triste y así te vas a quedar...
Yo lo adoraba. En verdad, de todos los que he tenido, ha sido el más bueno, atento, cariñoso y demás adjetivos calificativos agradables. No obstante, también tenía los afectos a flor de piel, que puede ser chévere si sabes usar tus tácticas, pero que también puede resultar fastidiosísimo si no lo sabes controlar. Si ver a una mujer llorar es triste, ver a un hombre llorar es peor, además de patético. Cada que no me gustaba algo, él lloraba. Me compraba un regalo que para nada me parecía, él lloraba. Terminaba con él porque me hartaba de sus tonterías, él lloraba, y me pedía volver, y yo cedía, y cedía, y cedía.
La primera vez fue en un parque. Le reproché no sé qué cosa, me abrazó, empezó a llorar cual magdalena y, díganme hermanas, ¿no era un momento kodak total? ¡De hecho! Así que continúe con él. La segunda vez fue previo al día de los enamorados. Él se había puesto demasiado celoso porque mis amigos me invitaban a salir y demás, le dije que me llegaba porque yo no era así con él, que me harté y que terminábamos. Y lloró, y lloró, y me pidió perdón, y dijo que si así lo quería estaba bien, y antes de irme le dí el último beso. Y de casualidad besé sus lágrimas, y me limpió los labios y me pidió perdón por haberme mojado. Díganme hermanas, ¿quién se resiste a un hombre que pide perdón? ¡Nadie! La cosa es que le perdoné, volvimos, y también lloró de alegría.
Tenía él muchos problemas personales y laborales, y decidí darle un tiempo para que los resolviera, porque adoro acaparar la atención y una hora al día para mi no era suficiente. ¿Qué creen que hizo? En plena madrugada, porque le había cancelado por celular, vino para mi casa y sí hermanas, lloró y me hizo sentir como Hitler por tamaña crueldad que -según él- yo estaba cometiendo consigo. Gata mala, gata mala. Me dijo que le estaba quitando la única ilusión de su vida, que jamás había sido tan feliz con nadie. Y me dijo lo que nunca se dice llorando -apunten marinovios: TE AMO. Y me destruyó el desgraciado. Me dejó sin palabras y no me pude negar. No le dije lo mismo, pero lo abracé, besé, y lo calenté un poquitín antes de enviarle a casa de regreso. Y cedí otra vez.
Primer año. Terminé porque me harté, bailaba horrible, me hacía pasar vergüenza. El pata, no contento con mis negativas, me buscó en todos lados, y se puso a llorar, y prometió cambiar, mejorar, y hasta quedé en darle clases para que así fuera. Y cedí y volvimos. Y pasamos la mejor noche en mucho tiempo. No hay duda: el tipo sabía lo suyo.
Dos años. Las cosas habían mejorado. No peleábamos mucho, o sea, habíamos tenidos las clásicas rupturas y él seguía llorando por eso; es decir, sin novedad. Hasta que un día, de la nada, se acerca y me dice que ya no podíamos continuar, que lo había pensado y que ya no sentía lo mismo. ¿QUÉ CÓMO DICES QUE DIJISTE? No pues, no te pases: le pedí reconsiderarlo porque había pasado mucho tiempo con él y no era justo terminar así. Se mantuvo fuerte el maldito, como nunca, y terminé aceptando aunque me rompió el alma. O sea, mil veces cedí yo y cuando a él le tocaba, nada, que no quería. Pasó una semana, y me llamó diciéndome que me extrañaba y no sé que más, que lo había pensado bien y quería regresar. ¿Qué creen que le dije?
¡ZAPATO QUE YO DESECHO, NO ME LO VUELVO A PONER!
Empiezo a pensar que la patética soy yo por haber estado tanto tiempo junto a un llorón, a pesar de que todo el mundo, cuando nos veía en plena escena melodramática, me decía que lo dejara por infantil. En fin, ahora, cuando lo ven con su nueva novia, que me imagino debe ser igual de llorona que él, me dicen "oye, tú estabas mejor que ella", y yo contesto, felicísima, "no, estoy mejor sin él".
Es que nadie puede con la Gata Fiera, que envuelve a los hombres y los deja.
Y cierro el telón.


Yo no se sí a todas les pasara lo mismo, pero suficientes relatos de amigas me han hecho concluir que es una característica de los marinovios. Ejemplo: Marinovio hace una pachotada (para variar). Puede ser cualquier cosa, digamos por ejemplo, que habían quedado en verse a cierta hora y el muy lindo no llega. Lo peor no es eso, porque todos podemos tener imprevistos, lo peor es que tampoco llama para avisar.


portante para romper con el pensamiento machista de que quien tenga la trompa de elefante más grande es el mejor amante.
Cuando una esta en la etapa de las primeras saliditas con el marinovio todo es felicidad. Él te está conociendo y le hablas de tus gustos, metas, expectativas... Tus pros y tus contras. Y si por ahí resulta que no tienes el gen de ama de casa, no se hace problemas y se ríe de la vez que quisiste hacer una sopa ramen y te quedó como pure de tallarín. Pero cuando la relación va avanzando, ahí la cosa cambia. Ya no le dan mucha risa tus "hazañas" en la cocina, compra El Comercio para regalarte los coleccionables de Gastón y cuando quiere llevarte a conocer a su familia, léase a su mamá, te da la siguiente advertencia: "mi amor, si mi mamá te pregunta si sabes cocinar, tú solamente di que sí". De esta manera, según él, ya te tendrás ganada a su mamita, a quien no le importará lo inteligente o profesional que seas, sino si podrás (en un futuro esperemos que bieeeeeeeeeeeen lejano), prepararle a su hijito las ricas comidas que mamá le hacía en casa.
El sábado por fin logré llevar a mi marinovio a La Mar, la nueva cebichería de G. Acurio. El plan era llegar temprano y almorzar riquísimo. Pero él, para variar, tenía una carasa tal, que cualquiera hubiese pensado que iban a darle bocado y no esas delicias que hace Gastón.- Se quejó porque vamos al sitio de moda -me llamó posera-.
- Porque llegamos muy temprano -¿qué le molestó? ¿qué pudimos escoger el mejor sitio?-.
- Porque él quería tomar cerveza, que es lo que DEBE tomarse en una cebichería NORMAL. Le pedí una.
- Porque pedí postre -inconcebible pedirlo en una cebichería, según él-.
- Porque no quise almorzar cebiche sino atún al carbón -idem…-.
