viernes, abril 28, 2006

Clasificación de hombres (I)

Hola! Les cuento que estaba escribiendo un post más serio, pero una amiga me envió este texto (no sé de dónde lo sacó…) que me divirtió mucho. Y de pronto se me ocurrió que, antes de deprimirnos (y de llegar en este blog a la triste conclusión de que todos los machos son unos /&%$@!!!), mejor les paso el chiste, para reírnos todos un poco. Ojo, queridos machos: les recuerdo que este post está en gran clave de humor… demuestren su gran clase y “correa”…

A ver: los hombres pueden ser…

Tipo Café: Los mejores son ricos, calientes, con cuerpo y te mantienen despierta toda la noche.

Tipo Cemento
: Después de esparcidos.. tardan un buen rato en ponerse duros.

Tipo Chocolate
: Dulces, suaves... y generalmente se van directo a tus caderas.

Tipo Batidora:
Crees necesitar uno, pero no sabes realmente para qué.

Tipo Fotocopiadora: Sólo sirven para reproducir.

Tipo rizador de pelo:
Siempre están calientes y enredados en tu cabello.

Tipo Zapato de tacón:
Una vez que le has tomado la medida, es fácil de pisar.

Tipo Horóscopo:
Siempre te dicen qué debes hacer… y generalmente están equivocados.

Tipo Tormenta de nieve:
Nunca sabes cuándo se viene, cuántos centímetros tendrá, ni cuánto podría durar.

Tipo Clima: Nada se puede hacer para cambiarlo.

Tipo Cereal:
Te satisfacen, pero solo por un ratito.

Pregunta: ¿Qué otros se les ocurren, chicas?

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miércoles, abril 05, 2006

"Yo compré a esa mujer"

Sara es linda y no le gusta ser conflictiva. Desde chiquita le enseñaron que con una sonrisa podía evitar pensar demasiado, porque todo el mundo podría caer a sus pies sin necesidad de mayor esfuerzo intelectual. Toda esta cháchara se le metió tanto en la cabeza y la práctica de estos consejos resultó tan gratificante que ahora Sara sabe bien que lo único que debe hacer es aceptar al idiota de Marinovio que tiene al lado, detestable y egoista. Un sujeto que cada vez que puede hace alarde público de haber conseguido a un trofeo atractivo y complaciente, una mujer a la que mantiene contenta con un presupuesto exclusivo de spa, ropa y demás comodidades frívolas.

¿Les suena conocido?

Es parte del lifestyle de mucha gente en el mundo. Parte del modus vivendi de Coco, el esposo de Sara que considera que ella trabaja sólo porque está de moda no quedarse en la casa como en las épocas de su madre. Lo peor es que Sara es talentosa y no lo sabe, ni siquiera quiere averiguarlo. Pero esta vez no hablaremos de sus aún no exploradas cualidades intelectuales, sino de las malas artes del Marinovio de marras, quien la humilla de la manera más baja cada vez que se toma un par de tragos.

Casa de Sara y Coco, 10 de la noche de un sábado cualquiera. Mi Marinovio y yo, invitados por primera vez para una conversa.

-Estuve de viaje en los Estados Unidos por una semana- comenzaba a contar el fulano- y no había hecho mucho esfuerzo en llamar a la casa porque, ustedes saben, uno tiene mucho que hacer a veces en estos viajes de trabajo, continuaba mientras se cogía la panza en actitud relajada.

-De pronto volví -continuaba el cerdo ese- y mi Sarita. ¿ Que hacía? ¿Acaso estaba esperando al marido? No, estaba dizque haciendo horas extras como si eso le diera siquiera el diez por ciento de lo que yo le doy para que se compre esos zapatos caros que tanto le gustan.

- ¿Y que me quedó por hacer?- proseguía el detestable- Al ver que no estaba, fugué a descargar un poco de stress al club y me quedé con mis amigos... ¡Para que tiene uno una mujer si no lo va a atender cuando lo necesita!- seguía diciendo, mientras Sara intentó interrumpirlo.

- Y claro, te quedaste hasta la seis de la mañana, y además...

- Déjame hablar Sara, no entiendo porque me complicas la vida siempre...

De pronto el energúmeno deja de mirarme, se dirige a mi Marinovio y le dice:

- Ya ves, lo único que hacen las mujeres es complicarnos la vida.

Vuelve a mirar a Sara y ordena: Mira Sarita, el cachorro (un bellísimo Yorkshire Terrier) se está durmiendo, ¿porque no lo llevas con la empleada?

Invadida inmediatamente por la furia que producía la vergüenza ajena y la agresión al género femenino, me levanté y tragando saliva dije: "Te equivocas querido Coco, ustedes los hombres son los más complicados".

De inmediato la prudencia me ordenó que vaya al baño a lavarme la cara y contar hasta diez, porque si no lo hacía, mandaba al diablo a este sujeto en su propia casa. Y bueno, a pesar de su estrechez emocional, Sara era una de las chicas con las que mejor me llevaba en el trabajo y no quería perjudicarla de algún modo.

Me miré al espejo fijamente para descubrir si seguía siendo la misma o me había transformado en una actriz de reparto sobre maquillada y melosa. ¿Estaba metida en una escena de telenovela de televisa y no me había dado cuenta? Esto no puede ser real, pensé mientras frotaba uno de esos jabones perfumados en forma de pescadito, que deshice entre mis manos de tanta furia.

Pero al salir, estaba Sarita, misma "mujer que ama demasiado", poniendo hielo en el whisky del asqueroso y diciéndole a mi Marinovio que desde que ella y el cerdo eran enamorados, él prefería siempre que fuera ella la que le preparara los tragos.

- Es como un niño, señalaba con una sonrisa resignada.

Coco, el patán, la miraba orgulloso y decía: Así es, siempre discutimos, pero nos queremos mucho, ¿no es cierto muñequita?

Y continuaba su discurso barato, mientras le lanzaba a Sara una mirada libidinosa a cierto par de generosos atributos de su anatomía:

-¡Cuántos hombres hubiesen querido casarse con ella! Y aquí me tienen, se la agarró el feo del grupo, pero la conquisté pues hermano (otra vez miraba a mi Marinovio). ¿A cuál de sus enamorados se le hubiera ocurrido invitarla a un crucero? ¿Cuál de sus pretendientes iba a ganar como yo? ¡Has tenido suerte sinvergüenza!, le decía a la pobre, mientras sonreía con un gesto que a mí ya me estaba dando náuseas.

Aggg!!! Ya era demasiado, demasiado, pensé, mientras me atoraba con el vino. Y eso me dio una razón más para fugar de ese infierno al que Sara llamaba hogar.

Y yo que creí que sujetos que piensan que las mujeres se compran, sólo existían en la ficción de las soap operas, en el mundo musulmán o en el pasado. Compruebo ahora que esos monstruos sobreviven alimentados por la pasividad de Marinovias que los aguantan estoicamente generación, tras generación.

Image by www.planet-turquie-guide.com


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lunes, abril 03, 2006

Si con bebé te acuestas...

La sabiduría popular reza: "Si con bebé te acuestas, mojada amaneces", pero en el siguiente post ustedes descubrirán que es una verdad a medias, por no decir que la proposición es inexacta. Como lo deben estar suponiendo alguna vez comprobé, de modo muy científico dicho sea de paso, no me tomen a mal, que te puedes acostar con un bebe y NO AMANECER MOJADA. A continuación, la crónica de un triste hecho que aspiró a romance pero no llega ni siquiera a ser un polvo más.

Corría el mes de marzo hace un par de años. En una circunstancia laboral conocí a Marinovio Bebé, espécimen 10 años más joven que yo, prominente analista económico de una sólida y exitosa entidad sin fines de lucro financiada por el Grupo Santander. Su entonces jefe convocó a mi oficina a participar en un proceso de adquisición de servicios. En estas reuniones, Marinovio Bebé apareció, sólo noté sus atinados comentarios y su brillante desenvolvimiento profesional. Debido al proceso él se comunicó conmigo más de una vez, siempre correcto y profesional, hasta que en un momento le dije "Mi outlook tiene problemas, te mandaré el documento como un attachement desde mi casilla de Hotmail”, y él dijo "genial, nuestro servidor corporativo a veces se aturde, por esa vía nos podremos comunicar mejor".

Todo sonaba muy yuppie, hasta que después de la oficina entré a mi MSN, y encontré que Marinovio Bebé me invitaba a chatear, acepté pues me interesaba ganar esa cuenta, no le vi ninguna malicia. De pronto chateábamos de la manera más empática sobre cosas NADA profesionales. Tomé con gracia sus inteligentes alusiones indirectas e hipotéticas sobre la forma en que alguien-como-él se acercaría a alguien-como-yo. En fin, logró el cometido de invitarme a salir… era increíble ver como un chico de 23 vibraba y hacía vibrar a una mujer de 33 de respetable experiencia, con apenas mirarnos, aunque subyacía en mis neuronas la frase “hmmm, es un nene”.

En fin, después del reglamentario trago en Mangos de Larcomar, dimos un paseo en su 4x4 buscando la luna desde la playa, y por ahí algo comenzó a pasar: una riquísima escena de besos que duró más o menos 15 minutos NON INTERRUPTUS!!! La verdad es que esta precocidad me sorprendía cada vez más, y esperaba que el predicativo de AMANECER MOJADA se hiciera realidad…

La temperatura subía, los roces eran como en una balada rock románticos y estridentes a la vez pero con cadencia… y ahí comenzó algo, una cuarta más abajo del ombligo se prometía una faena memorable… y de pronto, ¡zas! (o mejor dicho scrup-scrup): el nene derramó la leche de la manera más infame. Yo aún esperaba mi PICTURE BY PICTURE y él estaba casi llorando por que NO PUDO CONTROLARLO. Detesto hablar de los errores técnicos varoniles pues no hay nada que un poco de disposición y práctica no arregle, amén de que es desagradable reconocer que una se quedó con las ganas, pero francamente esto fue el colmo. Lo peor es que él ni siquiera se dio cuenta de que el asunto se jodía, sólo lo jodió y punto, y comenzó la cháchara de “no entiendo qué pasó”, “es que es incómodo el carro”, “al final tú eres mucha mujer para mí, nadie podrá satisfacerte”.

Así es queridos lectores: yo con una gran frustración, sindicada como responsable del fallido romance y casi declarada Ninfómana, yo que estaba A SECAS!!! No es justo. Y todo por follar con un nene. Lástima que para estas cosas no hay bola de cristal. Y si lo llamo Marinovio Bebé no hablo de su edad cronológica, sino de su edad fisiológica y de su edad emotivo-mental: Hardware de hombre, software de nene. Creo que debí pasara la revisión técnica sobre el control de sus esfínteres.

Image by: http://www.cleanfunny.com/pics/bad-baby-boy-biker-tattoo.jpg

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