C´est la vie!

Fin de semana, 11 de la noche. Un parque en semi oscuridad, un carro estacionado. X y yo en el interior del vehículo y la atmósfera perfecta para hacer algo más que conversar del clima. Una mirada complice, y ya estábamos en un beso de aquellos que te dejan desarmada y con la sensación de no tener huesos. Otra mirada complice más y asientos reclinables activados y listos para recibir a un par de entusiastas. Una mirada asustada al escuchar a una sirena a lo lejos, falsa alarma. La batalla al interior del carro estacionado se prolonga deliciosamente y las ventanas completamente empañadas no dan lugar a tener sangre en la cara por la presencia de algún eventual transeúnte que sale a pasear al perro y que puede intuir lo que está sucediendo al interior de ese carro estacionado. Más besos que sabes te dejarán con un fabuloso dolor de mandíbula al dia siguiente y la situación pasa al siguiente nivel. Mi mano se desliza hacia el Sur de X y vislumbra, prometedora, la herramienta perfecta para dar el siguiente paso. No podía quitarme de la mente lo que X siempre me dijo: "17 cm. mínimo, ninguna queja, ya vas a ver".
Paréntesis aclaratorio e ilustrativo para el desenlace de la historia: desde que conozco a X, he tenido ganas de saltarle encima. Desde que X me conoce, ha tenido la misma idea. Y desde que X y yo hemos tocado el tema XXX, siempre me ha resaltado hasta el cansancio sus excelentes cualidades amatorias y las bondades de su "instrumento" (en cuanto a tamaño, potencia y durabilidad/resistencia lo que en términos de mi adorado Marco Aurelio Denegri, lo hacen todo un "coitotécnico"), de manera que desde hace algún tiempo tenía guardada en mi una curiosidad casi infantil por comprobar tanta belleza. Por suerte, ya me he topado con algunos buenos ejemplares anteriormente, pero tenía que conocer a éste en particular porque había tenido un publicista excelente. ¿Sería verdad tanta maravilla?. Cierre de paréntesis aclaratorio e ilustrativo.
Mi mano sintió la masculinidad de X y por un instante pensé "qué modesto fuiste, ahora como voy a hacer para manejar a semejante animal" mientras que X, apurado, abría el cierre de su pantalón. La poca luz no me dejaba ver claramente a lo que me enfrentaba pero mis manos serían la mejor guía. Y finalmente al sentirlo, recordé el famoso dicho que sabiamente nos dicen nuestras abuelitas: las apariencias engañan. Y vaya si me engañaron. Mi estimado X, besas como los dioses y temo que mi labio inferior nunca vuelva a sentirse como se sintió contigo. Pero no mientas papito, no mientas! A las justas fueron 12 cms. de poca potencia y casi ninguna resistencia. Estimados hombres, no mientan y hablen con orgullo de sus 10 cms. que a las mujeres (por lo general) no nos interesa el tamaño. Pero si comienzan causando expectativa tarde o temprano serán descubiertos. Obviamente no hice mención alguna a X acerca de a dónde se fueron los 5 cm. que faltaron y creo haber disimulado muy bien mi cara de decepción. Pero si alguna vez lees esto, mi estimado X... ya sabes porqué desaparecí después. Y no fue por no haber podido disculparte la "pequeñez"... sino porque hombre mentiroso no tiene segunda oportunidad.
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