Los que creen que nunca pierden, ¡esos son los peores!
La música suena bien, lo suficiente como para provocar que parte de mi cuerpo siga el ritmo casi inconscientemente. Acabo de celebrar la ocurrencia de un compañero de trabajo cuando, al voltear la mirada lo veo frente a mí, con una sonrisa festiva.- ¿Quieres bailar?
-No gracias, ahora mismo estoy ocupada.
Y era verdad. Estaba conversando de negocios con el gerente de la discoteca, interesado en mis servicios de marketing, pero a este sujeto, medio borracho, la cosa le debe haber sonado a cuento. Sonrió de manera forzada y agregó:
-Vuelvo en un rato, preciosa...
La noche transcurre con normalidad y al sujeto ese lo veo en una esquina de la pista de baile, en una animosa conversación con una chica. Sin embargo, media hora después está nuevamente detrás mío:
-¿Te desocupaste?
-No, aún no- , respondí
Al segundo hizo una de las cosas que más odio en un hombre. Pidió permiso al amigo del trabajo que me acompañaba, vieja costumbre que me hace sentir como si fuera una retrasada mental que no puede decidir por si misma, o un paquete cualquiera, propiedad de quien se le pide aquel "permiso".
-El no decide por mí, yo decido con quien bailo o no- le dije.
Con su mano sobre mi brazo, insistió...
-Si no estás con él, entonces no tienes porque negarte a bailar conmigo
Su mano sudorosa continuaba adherida a mi brazo, mientras su aliento a licor estaba a punto de ahogarme. Me alteré, le dije que me suelte, que nadie me impone con quien bailar o no. Sin embargo, el sujeto de marras no parecía escuchar razones y continuaba insistiendo con una forzada sonrisa de playboy barato.
Increíble, pero cierto: ha pasado casi un minuto desde que me sujetó el brazo. Estoy a punto de estallar y hacer un escándalo, cuando de pronto el fulano desiste y sin alterar para nada su antipática sonrisa, se retira diciendo:
-¡¡Hey, yo nunca pierdo... !!!
Lo peor fue la reacción de mi compañero de trabajo, quien sorprendentemente me dijo que no me costaba nada darle gusto al sujeto y bailar tan sólo una canción. Hombres irracionales sobran por todos lados.
Pero como un par de idiotas no iban a malograrme la noche, fugué hasta la barra, donde el desconocido se acercó con cara de perro arrepentido.
-¿Se te pasó la amargura preciosa?
-Déjame sola, ¿no entiendes español?-, le respondí mirándolo directamente a los ojos.
-Yo soy Marino, ¿sabes cuánta gente tengo a mi cargo?.
-No se, ni me importa- le dije.
-Sólo quiero que sepas que no soy un cualquiera para que me trates, como me has tratado y encima delante de todo el mundo.
-....
-Pero no importa, eso te hace más interesante linda.
CONCLUSIÓN: Machismo usual en especimen uniformado, habituado al autoritarismo hasta en las relaciones interpersonales. Patán por donde se le mire: En su enfermiza alucinación alcohólica yo debía ser una batalla a librar, una batalla perdida justamente por su terquedad y su falta de modales.
El marino desconocido da media vuelta y emprende retirada.
¿Y qué creen que hice?... ¿Llamar a seguridad por si volvía a fastidiar luego?, ¿Retirarme de la discoteca?... ¡No! Vi de lejos que en su grupo había un chico menor que él y bastante tímido, tipo "nerd", que había estado observándome de lejos. Me acerqué sigilosamente, le lancé algunas sonrisas y en unos segundos estábamos en la pista de baile, mientras el patán hacía esfuerzos inútiles para disfrazar la ira con su forzada sonrisa, que a estas alturas se había transformado en una mueca bastante cómica. El nerd se llamaba Alberto, tenía un grado menos que el patán, pero mejores modales. Al terminar el mix rockero de los 80´s en el que nos vacilamos a rabiar, fui por mi cartera y antes de irme me acerqué a su grupo.
En aquellos precisos segundos, la música estaba lo suficientemente suave para que los demás -patán incluido- me escucharan muy bien y mi voz no tuviera que ser exageradamente alta para perder el tono de lady.
-Un gusto conocerte, Alberto, me alegraste la noche, a pesar de tanto patán suelto.
Estocada final. Retirada gloriosa. A esos machitos que dicen que nunca pierden no les hace mal que los aterricen a la realidad. Lamentablemente son muchas Marinovias sumisas las que contribuyen a la perpetuación de estos especímenes inútiles y autoritarios que piensan que nosotras, las del género más valioso, somos simples objetos al servicio de sus egos.
¿Será que la mayoría de uniformados son así?... Puede que esto amerite algún nuevo post con la experiencia de alguna de las chicas con un Marinovio Castrense....
Image by www.art.com

























“Es que sólo me podría quedar a dormir en casa de una enamorada”, dijo él. A ver: ¿Estoy saliendo con un menor de edad? ¿Intenta que sea yo la que se declare y le invite a ser pareja? ¿Se hace de rogar? ¿Es muy moralista, muy pero mucho? ¿Quiere aligerar la diferencia entre amigos cariñosos y pareja?


