
Muchas cosas pasan por mis oídos desde que me casé, relacionadas al nuevo nombre, pero las más curiosas han sido dos: Una en la que un amiga afirma “..amiga, desde que te casaste he estado temiendo que pierdas tu individualidad, y veo que mis temores se han realizado”, considerando que Raquel y yo no nos vemos desde Junio pasado y que además hemos mantenido viva nuestra amistad en estos 5 años gracias al Internet y a ocasionales viajes, su frase cae fuera de lugar; también anotemos que desde que me comprometí su comunicación es escueta, limitada y como que ya no conectamos igual debido a su “falta de tiempo por sus estudios”. Para colmo protagonizó una tremenda e-scaramuza en el Messenger un día de tantos q por fin se decidió a responder mi mensaje, debido a que usaba mi primer nombre y el apellido de mi esposo, sin el conector (Sra.) de pues mi merrinouviou es anglosajón. Que debí usar el DE pues “él ya te quitó tu apellido pero que no te lo quite del todo…, que aunque me case nunca quiero perder mis apellidos…, que entonces la chica q yo conocí es una mentira,?? No existe?? Porque no usas el nombre que siempre usabas, con el que YO te conocí??”
No había mentira, es que decidí usar mi primer nombre por razones de reencuentro conmigo misma, y por que además mi primer nombre es más corto, más fácil de pronunciar y no rima con ninguna palabra fea como el segundo. A mi esposo le cuesta un poquito pronunciar el segundo por una cuestión idiomática, y todos en su país se preguntan si mis orígenes son peruanos o rusos debido a mi segundo nombre. Para evitar todo esto tomé una determinación INDIVIDUAL, que nadie me pidió que haga, que yo solita AUTODETERMINË usar mi primer nombre y tener el segundo presente pero no usado. ¿Por qué esto ha de ser razón para que una amiga se enfade, me acuse de horrible manera y me borré de su lista?
La otra gran curiosidad es la afirmación que hace otra amiga diciendo que lo que nunca usaría es un DE (Sra. De XX) pues es “ASQUEROSO” y ella “no es propiedad de nadie”. Esta frase no fue dirigida a mí, pero en una de mis casillas de e-mail firmo como Ambos Nombres ApellidoPaterno DE Apellidogringo. Y me hizo reflexionar al respecto. ¿Es realmente cierto que al llevar un DE se es propiedad de alguien? ¿cuánto de verdad, de opinión, y/o de espejismo hay en esto? Pues yo no soy PROPIEDAD de mi marido en el sentido de “otro objeto que el posee”, ni él lo es de.. oe aguanta! Él es mi propiedad y yo soy igual de él o nadie es de nadie y punto, pero ambos somos del otro emocionalmente. Tratemos de aclarar el lío: el díce “soy tuyo 100%, y solo tuyo” pero lo tomo como que es un esposo devoto, yo no lo poseo en términos registrales ni sociales, debo confesar que en ciertos momentos yo le he dicho cosas equivalentes, con el mismo sentido de que no soy su objeto pero si su pareja, con devoción a mi compromiso a él, pero ninguno busca atropellar el libre albedrío del otro, más bien nuestra relación se basa en lo contrario. Además esta mutua-posesión-no-prepotente-ni-cavernícola existía desde antes de casarnos, en realidad desde que nos conocimos.
Por otro lado, en este lado del mundo las mujeres casadas SUELEN llevar su apellido+la preposición DE+el apellido del esposo, no es ley pero es práctica milenaria ¿podría parecer posesionista a favor del varón? Pues quizá sí, pero las cosas no son mejores en términos de autodeterminación y empoderamiento femenino en las relaciones de parentesco y denominación matrilineal, es decir cuando el apellido que prima es el de la línea materna (ejemplo: Brasil). La autodeterminación e individualidad no están en el apellido, pues no es marca comercial, ni siquiera en el nombre.
Podríamos tomarnos y darle a los hijos la libertad de elegir qué apellido llevar si el de la madre o el del padre, sólo para tranquilizar nuestra conciencia, pero se armaría la de San Quintín en términos de registros, parentescos, y a nivel famniliar/comunal/civil peor aún, en una de esas tenemos hijos con dos apellidos distintos, pero el menor de todos se rebela contra el sistema y decide usar un tercer apellido que no es ni del padre ni de la madre, que se lo inventó él en una rave hace dos noches cuando descubrió la verdad de sí mismo (¿). Entonces vemos que eso no soluciona nada. Podemos también optar por no usar un DE en el nombre de casada, y con ello dar una impresión mayor de posesionismo patrilineal, o podemos simplemente casarnos y seguir llevando el nombre de solteras, dándole a entender al marido que “él no es nuestro dueño” y poniendo en la atmósfera una tensión que no existía con esta afirmación tácita. Otra amiga hizo eso, el marido no lo tomó a mal pero ella se pasa la vida explicándole al planeta que el esposo se apellida XX y no ZZ “sólo que yo quise conservar mi apellido”, y todo el mundo le zampa el ZZ al marido convirtiéndolo by default en “propiedad de ella” ¿alguien se siente feliz con esto? NADIE!!! Amén de que ella desgasta su energía y saliva explicando lo accesorio.
Estas dos curiosidades trajeron a la mesa el tema del nombre de casada, la posesión de la persona y la identidad, en un juego divertido que intento explorar. Siempre será así: a alguna persona le da asco una alternativa, otra se moleste por la segunda alternativa, la tercera es indiferente al tema, la cuarta se divierte viéndolas estrujarse por el tema no fundamental, y esto pasaría simétricamente en la cabeza y emociones de los hombres si viviéramos en una sociedad de denominación matrilineal.
Más allá de todo este stress y beligerancia está lo verdaderamente importante: el nombre, apellido, chapa o mezcla no hace a la persona, la autodeterminación y la individualidad no están en el nombre, pues hay miles de Patricias, Carmenes, Julias, Isabeles, Raqueles, Carlos, Jaimes, Marcos, Pedros, etc, está en cualquier otra parte de mí, y de paso no somos propiedad de nadie, ni de nada aunque yo le dé mi apellido a mi esposo o el me niegue el suyo. El parentesco patrilineal es sólo una circunstancia, que si cambia a matrilineal le sacará ronchas a los hombres y mantendrá el mismo problema vivo sin solucionar nada, vayamos más allá de lo accesorio que esto no es más que juego de palabras, y veamos ¿Dentro de nosotras qué hay debajo de ese juego de palabras? ¿Qué está motivando esos comentarios? Ésa si es una gran incógnita.
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